3.9.08

Pabla (corazón valiente de una dama)

Antes de nebulizarla murmuró algo que no entendí. Me dije: Como Vera, la chica de mi corto…pero esto es su pesadilla?. Es real, lo siento tanto carnal como ese sentir compasión de cómo se va apagando y despidiéndose de su vida.
Su tez trigueña comparte unas manchas rojizas que le tomaron todas las mejillas y principalmente la frente. Casi sin pelo y sus canas crecidas.
Pabla (corazón valiente de una dama). Sentada a su lado sostengo mi cabeza con la mano mientras le apoyo la mascarilla con la otra mano. Hago punto de apoyo en mi rodilla que vibra consecuencia del motor del nebulizador. Y la miro, mientras sé que ella tiene la mirada perdida en mi cara. Y le miro un lunar en la mejilla izquierda que recuerdo desde chica.
Mi abuela se va adormeciendo para devuelta soñar con mi abuelo. Y yo la observo, mientras le acomodo la mascarilla que se cae.
El cuarto es frío no por el calor de una vieja estufa serpentina sino por las descascaradas paredes, las sucias ventanas y las polvorientas persianas entre cerradas.
Hay tres camas, mi abuela está en la del medio. Chiquitita. Bolsa de huesitos bajo unas colchas que huelen a naftalina mezcla de polvo y uso.
Atea de nacimiento en el respaldo de su cama es acompañada por una estampita de San Cayetano sobre un cartelito mal cortado de cartulina amarilla que tiene un 2 (dos) dibujado en fibrón azul. Frente a su cama tiene una cruz enorme y una placa que dice: Catalina Sade….quizás una alta religiosa que prestó servicio en el hospital.
Su vecina de la derecha, La Negra, parece de unos 70 largos, pero me confesó orgullosa sus 93 recién cumplidos. Sin arrugas que la delatan habla de cholulajes que extraña de la televisión que tiene en el living de su casa. Su cuello estirado solo se arruga cuando se sienta para ponerse crema de aloe en el dedo gordo porque tiene un callo que dice que le salió de estar tanto tiempo acostada. Es optimista y me buchonea las cosas que hace mi abuela a la noche cuando las tres se quedan solas.
La otra vecina, la de la izquierda, tiene la mirada fija en el techo. Es mucho más joven que La Negra. El cuarto está casi en silencio cuando de repente rompe en llanto y pide por su mamá para que la vaya a buscar.
Yo solo estoy observando, miro, atiendo, sonrío, ayudo, contemplo, escucho, y por dentro…lloro de tristeza, alegría….porque entiendo a la vida y lo importante que es vivirla.
Me dijeron que esa habitación anteaño fue la sala de parto. Hoy es la sala de la espera de otro nacimiento donde se deja el cuerpo y donde el alma espera nacer para volar a otro mundo.